El exilio de la ciencia

Este artículo fue publicado inicialmente en Amazings y pertenece a su autor.

Entre 1938 y 1940, Gerardo Tapia, cruzó la frontera francesa por un punto indeterminado. Fue uno de los 400.000 españoles que huyeron del país hacia Francia. Muchos otros fueron a Latinoamérica, Estados Unidos o a Reino Unido. Se fue sin saber si podría volver. Lo haría unos 40 años más tarde, tras la llegada de la democracia. La mayoría nunca volvió.

En la España de hoy, el exilio político es ya cosa del pasado. Muy lejano para los que hemos nacido con la democracia como cuna. Sufrimos, sin embargo, otro tipo de exilio. Un exilio sin la amenaza de fusiles pero no menos dramático para el futuro de nuestro país. El exilio de la Ciencia.

Los exiliados de hoy en día no cruzan la frontera en los Pirineos ni son retratados en blanco y negro por Robert Cappa. Vuelan en low cost hacia los Estados Unidos, Alemania o Reino Unido. Con sus retratos familiares guardados en Facebook y no en desgastados álbumes. Con el embutido envasado al vacío en vez de en hojas de periódico. Son jóvenes altamente formados: científicos, ingenieros y médicos que se van uno a uno. Poco a poco.

No saben si volverán. Creen que sí, pero probablemente no sea así. La mayoría de los científicos que abandonan España no vuelven nunca. Porque no pueden o porque ya no quieren.

La Dictadura no sólo exilió a soldados como Gerardo Tapia, también fue acompañada por un exilio intelectual y científico causado por una depuración de la universidad. Tras la llegada de la democracia, la Ciencia, al igual que otros campos del saber, comenzó otra vez a ver la luz. Estábamos tan cerca.

Los constantes recortes en I+D han roto el sueño de muchos de los que habitan otras tierras. Jóvenes investigadores aprendiendo o enseñando en los mejores centros del mundo.

Alemania ha mantenido el gasto en ciencia y en educación. Reino Unido lo quería bajar aunque parece que podría recular (en cualquier caso nada comparable a España), EEUU sigue como una locomotora y Asia ya abre las puertas a los investigadores europeos.

Un importante científico vasco comentaba el otro día a una amiga que España está ya tocada para los próximos 10 años. Difícil volver de Alemania, aunque dé con cuadratura del círculo. Diez años. Nadie va esperar tanto.

Muchos de los jóvenes que despunten en otros países no podrán volver. Les darán sus mejores años a otros países que no invirtieron nada en su educación. Mirarán de reojo la situación española. Quizás dentro de mucho tiempo pensarán que algo ha cambiado y que están dispuestos a trabajar con menos recursos, a ganar menos y a ser tratados peor. Todo por el país que les vio nacer. Entonces vendrá otra crisis, como ocurre en cada década, y será peor. A algunos les pillará con el sueño de volver y otros los derrumbará cuando ya estén en España. Cuando ya lo hayan sacrificado todo por volver.

Hablo de los jóvenes porque son los grandes perjudicados con estos recortes y porque son los que podrían iniciar el cambio de modelo. Y es que se nos olvida tan rápido que muchos de los avances de la Ciencia fueron impulsados por jóvenes investigadores. James Watson tenía 25 años cuando propuso junto a Francis Crick (37) la estructura de la doble hélice. Einstein tenía 26 cuando convulsionó la física. Ni siquiera hay que ir tan lejos. Mariano Barbacid tenía 33 años cuando realizó uno de los descubrimientos más importantes de la investigación contra el cáncer. Juan Ignacio Cirac tenía 30 años cuando propuso su modelo de computación cuántica. El primero lo hizo desde los Estados Unidos y el segundo desde Austria. ¿Cuántos podrán cambiar el mundo desde España en esta década? ¿Llegará el día en que un científico extranjero realice un trabajo similar tras emigrar a España?

Dentro de 30 años algunos jóvenes volverán a España desde otros lugares del mundo. Vendrán a conocer el lugar que exilió a sus padres y que tantas veces han oído maldecir. No os preocupéis por ellos, al fin y al cabo están donde se les aprecia. Deberíais preocuparos por vosotros mismos, si os quedáis, ¿O acaso creéis que vuestras pensiones se van a pagar construyendo casas?

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